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Ciento cincuenta años atrapados en objetos

Cuando las familias se desprenden de los objetos que marcaron su vida familiar a veces lloran, explica Oscar Rodríguez, actual presidente de la Asociación Museo 1871, de cuya fundación se cumplen este jueves exactamente 20 años. Esa emoción que los invade queda de lado, o cambia de registro cuando asumen que formará parte del acervo cultural de toda la comunidad.

El inventario del Museo es innumerable y difícil de reproducir. Pero para poner en evidencia el amplio abanico que cubre la colección se puede mencionar que entre sus piezas figuran 5 pianos, 1 cuadro de manualidad escolar de 1890 perteneciente a la familia López Osornio; más de 30 mil fotografías de la vida de Berisso; 700 libros escolares de todas las épocas; 120 cámaras fotográficas, videos, grabadoras, proyectores; afiches de los bailes del Swift; instrumentos musicales; zaguanes completos, portones; puertas y ventanas de casas antiguas; cenefas; cornisas; heladeras; máquinas de escribir y calcular; un laboratorio completo de análisis (diploma incluido); juguetes; almanaques; combinados y tocadiscos; libros y revistas; y hasta un buzón de correo.

Tres mil fichas de salud de los trabajadores de los frigoríficos ya están digitalizadas, novedad previa a la pandemia que despertó la inquietud de cientos de ex-trabajadores y familiares, deseosos por viajar en el recuerdo varias décadas atrás.

Además, en los últimos días se consiguió sumar documentación vinculada a las primeras escrituras, a actividades económicas que se desarrollaban en comercios y en la vía pública y un libro que da cuenta de los accidentes que tuvieron lugar en las plantas de los frigoríficos durante la década de 1920.

Entre los ‘destacados’ del Museo se encuentran aquellos objetos que dan cuenta de los días en que comenzaba a perfilarse la ciudad. Un palenque para atar los animales se rescató de una excavación realizada en el Parque Cívico.  No sólo no se perdió ni destruyó, sino que hoy ocupa un lugar especial en una sala del Museo que funciona en el edificio de la Toma de Agua.

Otro de los tesoros es un plato que se utilizó durante un agasajo que Juan Berisso realizara a Dardo Rocha antes que se construyera la ciudad de La Plata. Durante el encuentro, los comensales fueron sorprendidos por una tormenta sin precedentes que destruyó buena parte de la vajilla. De los pocos ejemplares que quedaron, la familia Berisso dio en custodia uno que, enmarcado, se encuentra exhibido con orgullo en la sala principal del Museo.

Mujeres, trabajo, música, educación, frigoríficos, inmigrantes, vida cotidiana y oficios y empleos son algunos de los tópicos que ayudan a clasificar o objetos y a delimitar las salas.

Aquella colección de Don Luis Guruciaga que dio pie al Museo, finalmente devino en una institución con tantas piezas como historias tiene la ciudad.

A partir de estos objetos se recrea un cotidiano lejano, con ralladoras de pan y queso que se ajustaban sobre las mesas y mesadas; tablas de lavar de madera y fuentones de lata donde se lavaba la ropa y se bañaban los más chiquitos; canastas de mimbre, objeto obligado cuando llegaba el pic-nic en la Isla Paulino al que las familias llegaban vestidas de gala; una máquina para cardar la lana; un texto sagrado de judaísmo (el Mishná); máquinas de fotos que recuerdan a la tradicional casa Berman que abría las puertas de “La Moderna” en Nueva York y Valparaíso allá por 1927 (Jacobo promovía la fotografía casera, vendía máquinas y rollos y revelaba sin costo). Exponentes de esta actividad eran también los responsables de casa Kika, sobre Av. Montevideo, y Conar, también sobre calle Nueva York.

Si uno sigue mirando, puede ver las letras de la fábrica Swift, la vaca con el guardapolvo de seguridad, cuchillas, guardapolvos y un saco inglés que, intacto, muestra la indumentaria para ingresar al sector de cámara fría.

La máquina de coser a pedal se conjuga con las planchas a carbón y los costureros en la llamada Sala de la Mujer, donde se expone además el vestido de novia de la mamá del actual presidente: Doña Nunes lo guardaba celosamente envuelto en una valija con un trapo negro desde 1956 para que el sol no le quite la blancura; cuando el tiempo lo permitía, lo oreaba al sol y ahora cuenta su historia en el Museo junto a la foto del día en el que se escuchó el ‘sí’.

Siempre para adelante, mirando hacia atrás

El Museo tiene su origen en el frenético fervor con que Luis Guruciaga guardaba objetos de diversa índole relacionados con el pasado berissense. Buena parte de ellos aún se exhibe y el resto permanece en el depósito de la institución.

La decisión de coleccionar objetos fue consecuencia de la práctica de coleccionar fotografías. Don Luis fue separando, eligiendo y conservando lo que otros se empeñaban en tirar, incinerar o reciclar. Fue el verdadero arquitecto del Museo, al que luego se sumaron otras personas e instituciones con similar pasión por la actividad y la ciudad. Apelando a la nostalgia de la población, logró reunir más de 35 mil fotografías y de ahí en adelante, libros, diarios, elementos de uso cotidiano (desde una cocina a un almanaque o caja de fósforos), herramientas y objetos de lo más diversos.

El aporte de la población fue y es determinante para engrosar la colección y hacer que luzca. En el año 1999 surgió la idea de conformar la Asociación Museo 1871. Con anterioridad se habían ensayado iniciativas con un fin parecido desde espacios del Estado municipal, pero ninguna perduró. Material de esos intentos finalmente fue incorporándose al patrimonio del Museo que se sostuvo y proyectó gracias a la paciencia y al sacrificio de sus impulsores.

Para dar nombre al Museo se eligió el año de fundación de la ciudad. La Asamblea Constitutiva formal de la institución se llevó a cabo el 1º de julio de 2001 en el CEYE, con la presencia de 39 socios fundadores. La primera Comisión estuvo integrada por Luis Guruciaga; Enrique Ángel; Luis Alberto Castro, Ofelia Di Bastiano, Eduardo Dobrowlañski, Jorge Drkos, Rodolfo Fabris, Esteban Gutiérrez, Mirta Hiser, Mariano García Izquierdo, Stella Maris Loholaberry, Rubén Rapacini, Oscar Rodríguez y Horacio Urbañski.

La enorme cantidad de objetos con que se dieron los primeros pasos fue conservada inicialmente en dos depósitos, a la espera de contar con un espacio físico acorde con los objetivos planteados. Paralelamente se realizaron numerosas gestiones para obtener el edificio donde funcionaba la Oficina General del Frigorífico Swift, posibilidad que finalmente no se concretó. Luego se solicitó el espacio vacío de la ‘Hilandería’ que en un sector ya alojaba el Concejo Deliberante. El 13 de junio de 2003 la construcción solicitada fue cedida y se realizaron algunas inversiones para mejorar la infraestructura, pero fueron apareciendo dificultades relacionadas con el uso del edificio, ya que la ley de cesión había establecido que debía albergar al Palacio Municipal.

Finalmente, el 21 de octubre de 2005 y tras un acuerdo de la Municipalidad, el Ministerio de Infraestructura y ABSA, se cedieron al Museo las instalaciones de la antigua e histórica planta de la “Toma de Agua” ubicada en Montevideo esquina 32 (Avenida Palo Blanco). La actual Comisión de la Asociación está conformada por Oscar Rodríguez, Fabiana Giácomi, Claudia Cipolat, Stella de Paul, Mirta Hiser, Diego Manrique, Horacio Urbañski, Juan Padrón Morales, Araceli Ocariz, Roberto Di Lorenzo y Stella Di Paolo.

Para conocer más acerca de la institución se puede visitar el sitio Museo 1871 Berisso

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